[Intro]
[El acordeón toca las tres notas; el piano añade un acorde completo de resolución.]

[Verse 1]
Salieron despacio, sin prisa al hablar,
como quien no quiere romper el lugar.
Algunos tocaron la vieja pared,
otros dejaron monedas de ayer.
El niño del corte de electricidad
guardó un fotograma dentro del gabán.
Don Ernesto dijo: “Nos vemos después”,
aunque no sería aquí otra vez.

[Chorus]
Luz de salida, no sabe despedir,
solo marca una puerta por donde seguir.
Luz de salida, pequeña y tenaz,
alumbra lo poco que uno llevará.
Cuando una sala termina de latir,
su luz de salida empieza a repartir.

[Verse 2]
Guardé la entrada del ochenta y seis,
la carta de Clara y dos tornillos de la E.
Dejé en la cabina las latas de metal,
con nombres y fechas para el archivo local.
La butaca diecisiete quedó sin bajar,
como dos brazos abiertos mirando hacia atrás.
El rojo del telón descansó vertical,
sin reverencia, sin gesto teatral.

[Chorus]
Luz de salida, no sabe despedir,
solo marca una puerta por donde seguir.
Luz de salida, pequeña y tenaz,
alumbra lo poco que uno llevará.
Cuando una sala termina de latir,
su luz de salida empieza a repartir.

[Interlude]
[El acordeón y la guitarra intercambian la melodía sobre un vals de escobillas casi imperceptible.]

[Bridge]
Mañana los hombres vendrán a medir,
quitarán las cortinas, empezarán a partir.
Tal vez en un año haya mármol y bar,
un guardia en la puerta y un precio al entrar.

[Verse 3]
Apagué el Wurlitzer, cerré el cajón,
pasé por el pasillo sin otra función.
Al llegar a la puerta miré el proyector:
era hierro viejo perdiendo calor.
Puse la mano sobre el metal,
sentí que aún giraba su pulso final.
Después di la vuelta, guardé la señal,
y dejé que amaneciera detrás del cristal.

[Final Chorus]
Luz de salida, enséñame a seguir,
sin fingir que cerrar es dejar de existir.
Luz de salida, pequeña y tenaz,
cada rostro proyectado caminará detrás.
Cuando una sala termina de latir,
su luz de salida se muda al porvenir.

[Outro]
[Las escobillas desaparecen; quedan voz, guitarra y acordeón.]

Cierro la puerta, entrego la llave,
la calle despierta, la mañana no sabe.
La marquesina apagada parece decir:
no todo lo cerrado ha dejado de vivir.

[El acordeón completa el motivo de tres notas y termina sin fade-out.]
